MINDFULNESS LIII. PRÁCTICA. LAS SENSACIONES Y EL CUERPO

SENSACIONES
Por Beatriz Santos Dieguez

“Caminemos de la mano de Mindfulness para poder transitar el dolor sin caer en el sufrimiento”




En el último post publicado (LII) hablamos del dolor,  no como sinónimo del sufrimiento,  sino como algo por lo que todos en muchos momentos de la vida hemos de pasar: Eludirlo evitándolo solo trae sufrimiento. Atándonos a él en una especie de fijación también trae sufrimiento. La manera más saludable que tenemos de realizar una buena gestión del mismo es transitarle.
Transitar el dolor implica un primer paso: darse cuenta; más un segundo paso, entrar. Una vez dentro hemos de atravesar el túnel, al final del cual nos espera la luz, que no es ni más ni menos que la enseñanza que este nos ha dejado.


Durante la toma de conciencia de nuestro cuerpo puede ser que aparezcan distintas sensaciones. Si estas son agradables la tendencia de la mente es querer permanecer en las sensaciones, por el contrario, si la sensación es desagradable la tendencia de la mente es querer  que la sensación desaparezca
Este post y el siguiente serán dos prácticas que nos van a proporcionar un acercamiento a la medida de nuestro dolor, del nuestro propio, porque van a ser nuestras sensaciones(a través de ellas), las que nos permitan darnos cuenta de hasta dónde podemos llegar y donde debemos parar.
Ahora prepárate para una práctica “de pie”, es decir, desde la posición de parados.
Es una práctica para percibir la relación de la mente con las sensaciones corporales.
No se trata de “hacer bien o mal  la práctica”, simplemente es para darnos cuenta de las sensaciones y de la relación de la mente con ellas.
Recuerda, estamos trabajando “Mindfulness del cuerpo”.

COMENZAMOS:

Comienza separando los pies alineándolos con respecto al ancho de caderas; flexiona levemente las rodillas; mantén la columna derecha, los brazos a ambos costados del cuerpo, y alinea la cabeza levantando levemente el mentón. (A esta posición en Chi Kung se la denomina “postura del caballo”)
Comienza a percibir las sensaciones.
Comienza a sentir el cuerpo: haz un pequeño, muy pequeño balanceo hacia delante, hacia atrás, hacia la derecha, hacia la izquierda. Y trata de percibir el equilibrio natural del cuerpo.
Percibe el peso en la planta de los pies, y trata de alinear el cuerpo repartiendo el  peso en ambas piernas.
Toma tres inhalaciones profundas, y trata de percibir como el cuerpo responde a estas inhalaciones,  y… exhalaciones.
Trata  de aflojar los músculos manteniendo las tensiones mínimas para permanecer en la posición de pie (parados).
Una vez que has terminado las tres inhalaciones profundas, vuelve a la respiración normal.
Ves llevando la atención a tu brazo izquierdo y con un movimiento muy, muy lento, comienza a levantar el brazo enfrente de ti como si quisieras tocar la pared que está delante de ti. (Imagina que este movimiento es  a cámara lenta: levanta el brazo con la velocidad mínima, y a medida que vas levantando el brazo percibe todas las sensaciones que van surgiendo).
Continua levantando el brazo, hasta llevar el brazo a la altura de la oreja, en un movimiento muy, muy lento.
Intenta percibir todas las sensaciones que van surgiendo.
Intenta percibir la relación de la mente con este movimiento lento, con esta propuesta de identificar los movimientos y mantén el brazo como queriendo tocar el techo,  con las tensiones mínimas, con el esfuerzo mínimo.
Y manteniendo esta posición percibe todas las sensaciones que están en este momento:
-Como te percibes tú, como percibes las sensaciones…
Y… lentamente comienza a recorrer el camino inverso: muy, muy, muy  lentamente, comienza a bajar el brazo, como siguiendo a la ley de gravedad pero siguiendo un movimiento lento, lento, lento.
Deja ceder el brazo a la ley de gravedad. Percibe como los músculos se van aflojando, como se van liberando las tensiones, a medida que aflojas y desciende el brazo, hasta llegar al costado del cuerpo. Percibe el estado de tu brazo en esta posición de descanso, y permanece así.
Con tu brazo derecho ahora vas a seguir el mismo recorrido que con el izquierdo: Con un movimiento lento levanta el brazo como queriendo tocar la pared que tienes frente a ti, sigues levantándolo hasta la altura de la oreja (intentado percibir todas las sensaciones que vayan surgiendo).
 En este recorrido vas a ir observando: la posición de los dedos, de la palma de la mano, de la muñeca, del codo…
Fíjate si hay tensiones de más en las piernas, en el otro brazo que descansa, y toma conciencia de la reacción del cuerpo y de la mente, con este movimiento y con esta posición.
Comienza a realizar el movimiento inverso (bajar el brazo hasta el costado del cuerpo).
Una vez que el brazo llega al costado del cuerpo relaja, libera tensiones y observa ambos brazos, ambos hombros y conéctate con todas las sensaciones que van surgiendo momento a momento. Entenderlas, sin tratar de saber cómo llegaron, como aparecieron, por qué están ahí. Simplemente observa.
Observa  como si fueses un observador neutral que no juzga.
Permanece un momento en silencio y poco a poco vas tomando conciencia de tu cuerpo realizando un escaneo rápido del mismo,  de arriba abajo, párate un momento en tus pies, siente el peso del cuerpo sobre ellos y  el contacto de estos con la superficie del suelo.
Cuando estés preparado, ve subiendo tus párpados. Abre tus ojos.


La mente muchas veces se aburre con las sutilezas y simplemente las descarta, pensando que porque son simples no tienen importancia frente a las sensaciones más burdas o más dolorosas. Pero cada sensación enseña, cada sensación es una oportunidad para estar presente y consciente con tu cuerpo.

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